Una vez más, Nazgrel maldice en voz alta. Siendo un orco, nunca ha tenido miedo a lanzarse abiertamente al combate, tal y como solían hacer en los viejos tiempos, cuando lo único que movía a su sociedad era la guerra. No obstante, en los últimos años, ha habido grandes cambios y ahora la Horda actúa de manera distinta. Esperar el momento adecuado para actuar puede ser tan importante como la fuerza con que se golpea al enemigo. Desafortunadamente, y pese a las muchas disciplinas que ha llegado a dominar Nazgrel, la paciencia no es una de sus virtudes.
Resignado, baja del puente y se dirige a la cubierta principal, perdido en sus reflexiones. No puede evitar pensar que esta expedición es un completo fracaso pero, aun así, la situación era demasiado delicada para ser ignorada. La decreciente presencia del Azote en los reinos del este había transcurrido de manera relativamente discreta, pero a nadie le ha pasado desapercibida la súbita desaparición de la enorme Necrópolis voladora, Naxxramas, en los reinos del este.
Los más optimistas están convencidos de que se trata de un signo de derrota y forma parte de una retirada, al fin y al cabo, el Azote estaba luchando simultáneamente contra la Alianza, la Horda y la Cruzada Escarlata. No obstante, cualquier analista suficientemente observador podría darse cuenta de que no se trata de una guerra que esté perdiendo el Azote. Más bien al contrario.
-¿Señor?- Un joven orco sacó a Nazgrel de sus divagaciones, no puede evitar preguntarse cómo ha llegado un recluta a una expedición tan vital.
-El vigía informa de que no hay rastro de la señal. Llevamos demasiado esperando y nos estamos exponiendo en exceso, creo que deberíamos seguir el plan y poner rumbo a casa.
El veterano orco alza la vista hacia el puesto del vigía, para comprobar, como de costumbre, que el maldito troll está durmiendo. Nunca le gustaron demasiado.
-¿Intentas decir que debemos abandonar a nuestros compañeros en Rasganorte para salvar nuestro pellejo?
-Señor, nuestras órdenes son muy concretas y ya hace dos días que debimos haber seguido el plan de retirada, ya que obviamente la expedición ha fracasado-. Sin duda por el temblor de su voz, el orco ha tenido que usar la poca valentía que alberga para replicar a un superior.
De repente, Nazgrel descubre que su animosidad también puede extenderse a los orcos. Malditos reclutas.
Gran parte de su expedición está observando la escena, su respuesta está creando expectativas. Su experiencia como líder le sirve para saber lo importante que es demostrar autoridad y confianza en sí mismo, sobretodo en un momento delicado como este.
-Si yo no hubiera confiado ciegamente en mis compañeros en el campo de batalla, puedes estar seguro de que hoy no estaría dándote órdenes, así que aprende cuál es tu lugar y no vuelvas a cuestionar mi liderazgo, a no ser que quieras retarme por él, ¿acaso es eso lo que quieres?
-Señor, yo no...- Nazgrel no puede evitar pensar que jamás ha sido así de cobarde hasta donde su memoria alcanza. Quizás la paz es buena para el alma de la Horda, pero las nuevas generaciones no hacen más que decepcionarle.
Ignorando al orco que no consigue más que tartamudear torpemente una disculpa, se dirige a Flizz, el ingeniero jefe del zepelín. Se trata de un goblin, una raza que, para variar, también le resulta molesta. Aun así, el veterano orco considera a Flizz suficientemente serio como para confiarle la vida de sus hombres.
-Quiero volver a comprobar la costa, mantente suficientemente alto para que no seamos un objetivo fácil.
-A la orden jefe- dijo el diminuto personaje mientras ya se dirigía de nuevo a la sala de máquinas. Toda una lección de disciplina de la mano de una de las razas menos fiables conocidas, menuda ironía.
De repente, el vigía grita algo en la jerga isleña de los trolls -viniendo otro globo tíos. Nazgrel recuerda otro motivo por el que odia al vigía, además de su tendencia a dormir durante todo el día: no entiende ni una sola palabra de lo que dice.
-Ha dicho que otro zepelín se acerca a nuestra posición- dijo Flizz sin apartarse el catalejo del ojo. Otro de los motivos por el que admiraba al goblin era por su profundo conocimiento de tantas lenguas.
-¿La Alianza también ha venido?- Pregunta el orco mientras se ajusta su armadura.
-No, pero tu Jefe parece tener otro plan- Es la respuesta del goblin cuando una ondeante bandera de la Horda aparece en su viejo catalejo.
Una vez están lo suficientemente cerca, ambos zepelines extienden su pasarela de abordaje. Nazgrel se sorprende al ver que no le recibe ningún oficial de la Horda, sino otro ingeniero goblin.
-No esperábamos refuerzos, aunque sin duda no nos van a venir mal.
El goblin se rasca la nuca nerviosamente, un gesto que hace que el orco tenga la certeza de que se equivoca.
-Mira, me han pagado una fortuna para venir hasta aquí y traerle, así que él se queda y yo me voy. No quiero quedarme ni un solo segundo más de lo necesario, esta tierra está maldita.
Una enorme figura surge de la bodega del zepelín y hace parecer al goblin aun más diminuto, al ir cubierto por pieles de animal parece aun más imponente. Nazgrel no tiene prejuicio alguno contra su especie ya que es el único miembro de ella que conoce, y no guarda más que un profundo respeto por su persona. La expedición apenas puede contener la sorpresa ante la llegada del Mok’Nathal.
-Rexxar, campeón de la Horda, es un honor tenerte a bordo.
5 comentarios:
Sí señor, un Rexxar salvaje apareció!!! A la espera de cómo nuestros héroes afrontan su estancia en Northrend. Grats!
.......pues no me ha gustado nada.............¡QUIERO QUE SEAN MAS LARGOS!
Rash x dios...sigue escribiendo!
Mola mola, el heroe de los Mok'Nathal ha aparecido para espachurrar los huesos del ejercito del Azote!
cabron...no actualizas!
Actualiza ya cabrón, que nos tienes a dos velas...
Publicar un comentario